Un plan clínico concreto para cada tipo de dolor
Oncológico, neuropático, musculoesquelético o crónico complejo: cada diagnóstico abre una ruta de atención distinta, no un protocolo genérico.
Cuatro dominios, una sola ruta de ingreso
No derivamos al paciente entre especialidades sin coordinación. Oncológico y no oncológico coexisten en el mismo sistema clínico, con criterios diagnósticos distintos para cada uno.
Cada ruta inicia con evaluación diagnóstica formal. El tratamiento viene después, no al mismo tiempo.
Evaluación del componente nervioso periférico y central. Intervención dirigida a la fuente del daño: farmacología adyuvante, bloqueos diagnósticos y neuromodulación.
Manejo farmacológico e intervencionista del dolor asociado a cáncer activo, tratamiento oncológico y cuidado paliativo. Protocolo escalonado según intensidad y pronóstico.
Cuadros multifactoriales como fibromialgia, dolor centralizado o síndromes de sensibilización. Abordaje interdisciplinario con metas de función, no de remisión completa.
Diagnóstico estructurado de origen articular, miofascial o espinal. Plan de intervención con criterios funcionales medibles y seguimiento longitudinal.
Cada plan de manejo define metas clínicas concretas desde la primera consulta: qué actividades debe recuperar el paciente, en qué plazo, y con qué intervenciones.
El objetivo no siempre es eliminar el dolor — es recuperar la función
Medimos resultados funcionales, no solo reducción de escala numérica. El diagnóstico preciso es lo que hace posible ese plan.